Danza Salaera

Un espíritu colectivo

Laura Camila Muñoz Vega

En la tierra de la cumbia, el vallenato y la música tropical, María José Blanco, de 19 años, revive día a día el amor por la danza en El Salado. Sus alumnos son niños y jóvenes que descubren a través del baile, la historia musical de su región.

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A través de dos parlantes pequeños, conectados a un reproductor de DVD se baila desde música folclórica como la cumbia, hasta la champeta de Mister Black. Esos dos parlantes son los que utiliza María José Blanco una joven de 19 años, que en las mañanas visita veredas para dar clases de danza a los niños y en la tarde regresa a El Salado para continuar la jornada.

En Colombia cohabitan la danza tradicional, folclórica, contemporánea, clásica, moderna, los denominados bailes de salón, la integrada (aquella expresión de la población en situación de discapacidad), la ritual de los pueblos indígenas, la danza teatro y las urbanas.

La historia musical de El Salado es característica de la región Caribe. Se escucha cumbia, vallenato y música tropical. Pero lo que predomina es el vallenato. “El vallenato ancestral, como el de Alejo Durán, Alfredo Gutiérrez y David Ochoa” recordó Luis Torres, Asesor de Retorno de la Fundación Semana.

En los antiguos salones de música de los años 40 se escuchaba la cumbia y la puya a través de una rocola, conmemora Nancy Montes, Asesora de Gobernanza de la Fundación Semana. En aquellos salones de baile se celebraban las fiestas patronales, en el mes de octubre en honor a la virgen del Rosario: “Había un cacique y una reina. Alrededor de la reina habían mujeres que le hacían una trenza durante el baile. El cacique de esa época era mi abuelo, Abel Montes y la reina, María Márquez. Dos personajes de la época” recordó Nancy.

Pero, por qué esa época quedó en el recuerdo. Después de la masacre, la danza no existió durante dos años, pero gracias a Mujeres Unidas, la asociación local de mujeres en El Salado, el significado cultural de la danza renació y los salaeros recordaron su amor por el baile. Después del desplazamiento, se conformó un grupo de adultos mayores que bailan cumbia y enseñaban a tocar instrumentos típicos como tambores. A raíz de esto, se formó la Escuela de Música de El Salado.

La danza es considerada por los salaeros como una terapia para el dolor, como un medio para la reconstrucción de tejido social y la memoria afectada por el conflicto armado.

Pero para preservar el baile como identidad cultural, está claro que se debe involucrar a los jóvenes. Es entonces cuando María José, con el talento que descubrió a sus 12 años, decidió ser una ayuda para su comunidad. Todo comenzó un día en su casa, al recibir a un grupo de niñas que le pidieron que fuera su profesora y con el apoyo de la Escuela de Música transmitieron el baile como una forma de aprendizaje.

La Escuela de Música es el lugar en donde niños y jóvenes bailan desde géneros musicales como la cumbia, vallenato, champeta y reggaetón. En total son 27 los estudiantes de María José, la mayoría niñas, entre 10 a 17 años de edad. Los alumnos salen a la una de la tarde del colegio y a las dos están listos para pasar la tarde aprendiendo el arte de la danza. Según esta joven profesora, los padres piensan que gracias a la danza los niños se han vuelto más responsables y ahora pueden ser una enseñanza para otras generaciones. La selección musical es un consenso entre los estudiantes y la Escuela.

Son dos las grandes presentaciones para las cuales los alumnos se preparan: La Semana Cultural en El Carmen de Bolívar y las Fiestas Patronales, que en el pueblo se celebran a finales del mes de octubre.

María José concibe a la danza como una manera para que “los padres dejen que sus hijos abran sus alas y vuelen”. Su meta diaria es que sus estudiantes “se alejen de las preocupaciones y que a través del baile crezcan como niños que son”. Para ella, esta es su contribución para “generar un mundo mejor” y en un futuro lograr que todos los niños de El Salado participen en sus clases y repliquen lo aprendido a otras generaciones. Además, con el apoyo de Ayuda en Acción niños y niñas aprenden temas de derechos de género y el cómo la danza es un recurso para sanar heridas.

La danza es una forma manifiesta del espíritu colectivo, casi en la misma medida que el territorio, entendido como lugar que trasciende la circunscripción de lo físico, y se instala en el del alma. María José empodera el espíritu de sus alumnos, porque les recuerda que bailar no es un acto gratuito, sino que es la voluntad del espíritu que durmió durante tanto tiempo en El Salado y que hoy vuelve a respirar y a sonreír en los labios de los niños que sienten la corriente en su cuerpo y en sus pies, la misma que se queda tiempo después de haber acabado el baile y que se parece tanto a la que despierta el amor.

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